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Tras lo del Cervantes ¿ahora qué sigue?

Juan Noé Fernández Andrade

No aprendemos, no entendemos, no sabemos interpretar la tragedia que está viviendo Torreón y la región entera tras los sucesos del Colegio Cervantes.

Todo mundo opina, dice, critica, juzga y sentencia. Todo mundo pretende pensar y sentir por el niño que hizo lo que hizo, todos se refieren a su papá, a su abuela. Nadie habla, con la seriedad y visión suficientes, de los adultos, de las políticas gubernamentales, de la falla estrepitosa de la sociedad y sus múltiples instituciones y dependencias. No aprendemos.

La gran mayoría de los medios de comunicación se muestran más convencionales que nunca, más erráticos que nunca, más sinsentido que nunca. Se distraen en lo inmediato, en lo efímero y no tocan a profundidad lo verdaderamente importante y trascendente del viernes 10.

Las autoridades hacen declaraciones muy cortas, y en las redes sociales los hacen pedazos.

Los hechos del Colegio Cervantes no deben ser minimizados ni relativizados.

Exigen un análisis y reflexión sumamente inteligentes, pues de lo contario no pasarán de ser solo un capítulo más en la historia de la Laguna, de Torreón. Esta experiencia violenta no se corregirá con juicios ni expresiones de coyuntura. Ni con el mutismo de los dueños y directivos del renombrado Colegio Cervantes que, fiel a su costumbre, se prohíbe dar la cara a los medios y prohíbe a su personal hablar públicamente. No es la mejor estrategia, pero es para lo que le alcanza a la familia Méndez Vigatá, que este año cumple 80 años de haber fundado al plantel y que, sí, lo ha sabido hacer exitoso… hasta el viernes 10 de enero de este 2020.

Mucho por abordar acerca de este acontecimiento que cimbró a la ciudad, que llamó la atención del resto del país y en el extranjero. A la violencia cotidiana se sumó la violencia mortal en uno de los colegios más celebrados de la comarca. Pero conste que no es asunto de armas, ni de videojuegos. Eso es absurdo. Se trata de refundarnos como sociedad, de volver a ser personas de carne y hueso, de enderezar la brújula, de retomar principios y valores, un lenguaje común, amable y respetuoso para poder entablar ese gran diálogo que también está extraviado si no es que desaparecido. Asumir de otra manera el presente para reorientar el futuro. El ahora es ahora, no mañana.

¿Qué sigue? ¿Podremos poner los pies en la tierra y caminar hacia una convivencia social de otro tipo y no marcada por las élites en la educación? ¿Y los otros centros educativos privados? ¿Y las escuelas públicas? ¿Otra vez se discutirá dónde son mejor educados las y los niños? ¿Es cosa de posición económica la paz y el bienestar personal y familiar? ¿Y si el agresor hubiese sido un jovencito de una institución pública? ¿Qué dirían los gobiernos, las iglesias, los colegios, la comunidad universitaria, los medios? ¿Se trataría igual o peor el tema?

Hay muchísimo por hacer tras el V10Enero-Cervantes. Empecemos ya. Una buena dosis de humildad y la inclusión plural de la sociedad lagunera vendría bien. Seamos inteligentes, todos, dejémonos de ver por encima del hombro. Dejemos de estratificarnos como sociedad.

 

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